Cristian García, garra y clase

Un cinco de los antiguos y que interpreta lo que dicen los libros. El cinco juega a uno o dos toques y Cristian García lo hace a la perfección. El "Flaco" habló con PDC y analizó su buen presente en Guillermo Brown de Puerto Madryn, contó por qué prefirió quedarse a pesar de las ofertas […]

Cristian García, garra y clase

Un cinco de los antiguos y que interpreta lo que dicen los libros. El cinco juega a uno o dos toques y Cristian García lo hace a la perfección. El "Flaco" habló con PDC y analizó su buen presente en Guillermo Brown de Puerto Madryn, contó por qué prefirió quedarse a pesar de las ofertas que recibió y expresó lo su deseo de cara al futuro.

 

Por Facundo Paredes

 

No es veloz, pero es tiempista. No se especializa en los pases, pero su principal virtud es la recuperación y, a partir del corte, inicia nuevamente el juego. No titubea cuando la pelota quema, al contrario, demuestra lo aguerrido que es dentro del mediocampo, su zona de batalla. Por eso, no es casualidad que uno de los 5 más recios -y con buen pie- del fútbol argentino le haya dado la oportunidad en el profesionalismo.

 

“Nunca tuvimos una relación previa. Recuerdo que en la cancha de Newbery, yo jugando para la CAI, fui a cabecear en un córner y, en un rebote, trabé con Gastón Barrientos, el hijo de Hugo. Le rompí toda la media, se la puse mal. Hugo, que era el entrenador del Lobo, se puso loco y fue hasta la mitad de la cancha a protestar. Me quería matar”, recuerda, entre risas y con su acento mendocino, Cristian García una de las primeras experiencias con su mentor en la Primera B Nacional.

 

García tiene 23 años, roza el metro noventa y es el volante central de Guillermo Brown de Puerto Madryn. Desde que empezó esta temporada (2019/2020) es el guerrillero titular de Marcelo Broggi, el director técnico de la “Banda”. Además, por su altura, es uno de los encargados de la finalización de las pelotas paradas. Si tiene que cumplir el rol “sucio”, lo hace. Si la tiene que entregar “limpia”, también. Las piernas altas y la rapidez a la hora del toque son las razones de su juego vistoso, llamativo. Cuando no se da la lógica, lo estético reluce, motivo por el que el “Flaco” no pasa desapercibido en ningún partido.

 

Le veía mucho potencial. Lo conocía desde la CAI y me identificaba mucho con él por su altura, por su juego, por su visión. Es joven y tiene mucho para dar, encima tiene doble ciudadanía. No me quepa la menor duda de que si sigue manteniendo este nivel puede llegar a un fútbol más importante y en otro país. Ahora está en alza, si hace las cosas bien y es prolijo va a llegar lejos”. Así lo define Hugo Barrientos, quien se vio identificado en García cuando lo vio jugar en Comodoro Rivadavia. Tras su primera experiencia como DT en el “Aeronauta”, Barrientos pasó a Guillermo Brown en 2018 y se lo llevó al “Flaco” junto a varios juveniles del “Azurro” comodorense.

 

Luego de la última campaña en el conjunto portuario, García recibió un par de ofertas, pero optó por la continuidad y la confianza que le brindan. “Eso no se compra con dinero, para mí es vital estar afianzado y que te demuestren cariño. Te doy un ejemplo, cuando voy a lavar la ropa a la vuelta de casa no me cobran porque el dueño es hincha de Brown. Ya me hice compinche con varios”, explica el oriundo de General Alvear, Mendoza.

 

  • ¿Cómo fue tu arribo a la Comisión de Actividades Infantiles?

 

  • Con mi familia vivíamos en España por la crisis que originó Menem, entonces nuestras vacaciones siempre eran en Mendoza. Una vez un primo me contó que la CAI hacía una prueba en San Rafael (a 85 kilómetros de General Alvear) y fuimos. Estaba Víctor Doria, yo tenía 13 o 14, no recuerdo bien. Lo que sí me acuerdo es que eran varias etapas y tenías que pasar una por día. La cuestión es que Doria me anotó y todo quedó ahí, de mi parte no había tanta noción. Pasó el tiempo y la CAI tenía que ir a jugar el mundialito Sub 15 en General Roca. A Omar Freire le faltaba un defensor central y por eso lo llamó a Doria. Yo me había probado de 6, porque siempre jugué atrás, entonces Doria le pasó mi nombre y fui a jugar ese torneo. Después me fui a Comodoro y me agarró Mario Amado en reserva y primera.

 

  • Estuviste varios años en CAI, ¿cómo describirías al club?

 

  • Es como una familia, te da todo. Yo terminé el colegio en Comodoro, en el Cervantes. Le estoy muy agradecido a la CAI, porque ellos fueron los que me dieron la oportunidad para comenzar mi carrera.

 

  • Si bien la CAI se caracteriza por el buen juego, ¿te costó la adaptación en Brown?

 

  • ¡Ni te imaginás! Otra ciudad, otro club y otra categoría. En los primeros entrenamientos me daba cuenta que estaba tres marchas abajo -ríe-. Hasta mis compañeros me cargaban. Pasé del Federal B a la B Nacional. Obviamente era lo que buscaba, pero no fue tan fácil. Hoy es al revés, a ellos lo putean y a mí la gente me aplaude -ríe-. Encima mi debut fue contra Tigre en la Copa Argentina. A lo primero me costó, pero después de dos pases ya le agarré el ritmo. Siempre me enfoco en dar los primeros pases al pie, para entregarla limpia a los creativos y agarrar más confianza.

 

  • Hace poco metiste tu primer gol (vs. Ferro), surge efecto la confianza…

 

  • Sí, olvidate. Igualmente, nunca me imaginé que iba a ser así, pensé que iba a llegar a través de un tiro libre o un córner. Recuperé un rechazo y aproveché que el 5 de ellos se resbaló, empecé a encarar y me salió un pase a lo García -ríe-. Por suerte, Mateo (Acosta) llegó y me tiró un buen centro para que pueda definir.

 

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  • ¿Cuál es el enfoque del jugador cuándo tiene un buen presente? ¿Se concentra en la actualidad, le sube el ego, sueña en otro futuro?

 

  • Ahora estoy tranquilo y pienso únicamente en Brown. Acá estoy muy bien, tengo continuidad y encontré mi posicionamiento. Además, tengo contrato hasta 2021, eso te da la libertad de enfocarte sólo dentro de la cancha. Si viene una oferta de un equipo de primera división, lo pensaré. Sin perder la autocrítica, que para mí es clave, porque te ayuda a progresar. Soy muy autoexigente, si jugué mal, después me encierro y me maquino la cabeza. Por ahí a los jugadores nos pasa eso, que le echamos la culpa al resto y no miramos cómo jugamos nosotros mismos. El culpable siempre es el entrenador, el árbitro o el presidente…

 

  • ¿Y cómo salís de eso? ¿Qué te desenchufa de la locura del día a día?

 

  • La familia, mis amigos en Comodoro. No los veo muy seguido, pero siempre estoy en contacto con ellos. Hace 15 días vino mi viejo y mi hermano de visita, somos 4 hermanos igual. Tengo a uno que juega en Italia, Lucas. Está hace poco allá y ya se hace el tano el caradura…

 

Como las experiencias engañan, si uno habla con él, lo notará tranquilo, sereno, manso, lo contrario a su actuación dentro del verde césped, donde las revoluciones están a mil y su personalidad se transforma o, mejor dicho, se revela. Sin desesperarse y consciente de su destreza, el “Flaco” espera su oportunidad para dar el salto que soñó desde chico.