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Esta ciega razón de vivir

Derribaron un mito. No hay que ser el “Pocho” Portalau para conducir a Huracán ni “Pity” Murúa para dirigir a Jorge Newbery. En la antesala a un nuevo clásico, los entrenadores más jóvenes del fútbol comodorense dialogaron, entre cafés y medialunas, con Pasta de Campeón.

 

Por Facundo Paredes y Carlos Álvarez | Fotos: Carlos Álvarez

 

En Almafuerte, hace unos años, las casas de familias recibieron a las categorías 84, 85 y 86 de la Comisión de Actividades Infantiles. El “Azurro” participaba de los torneos cordobeses y, entre las tres divisiones, se encontraban “Pitu” Barrientos, “Ricky” Chavarri, “Pingui” Almonacid, Pablo De Miranda y Sebiastián Bonfili.

 

En aquella novena y octava estaban dos pibitos que este domingo se volverán a ver las caras en el barrio industrial. Uno de azul, el otro de rojo. Pero ambos estarán al mando de su barco, detrás de la línea de cal y en el ojo de la tormenta.

 

Javier Guerreiro (33 años) y César Villarroel (34) aceptaron la propuesta de Pasta de Campeón y, entre cafés y medialunas, palpitaron el clásico comodorense entre Huracán y Jorge Newbery.

 

Ambos se hicieron cargo de la dirección técnica este año. ¿Sienten la presión o es un mito? Derribaron el mito de que hay que tener mucha experiencia para dirigir a un grande...

 

  • César Villarroel (H): La posibilidad me apareció ahora. Si el día que agarré, vos me preguntabas si quería ser el técnico de Huracán, yo te respondía que no. No lo sentía. Lo agarré por “x” razones. Sabía que iba a tener mi posibilidad, ya iba a llegar. Pero dejame que termine este cuerpo técnico y yo arranco de cero con mi plantel. Después por los chicos y porque los conozco desde hace bastante, tomé la decisión. Estos clubes grandes de la ciudad exigen, y muchísimo. Tenés que trabajar, no hay otra historia.

 

  • Javier Guerreiro (JN): Ahí está el secreto. Hay que trabajar, hay que meterle horas. Yo le estoy muy agradecido a la gente de Sarmiento, porque asumí a los 28 años. Creo que por ahí si ellos no me daban la chance de arrancar dirigiendo primera división, capaz que hoy estaría trabajando en inferiores, tratando de ganarme un lugarcito. Hay que ser sincero. Es muy difícil darles lugar a los jóvenes. Los clubes no están acostumbrados.

 

Los dos coinciden en que hay que trabajar, pero todavía no pasó nada “raro” o ustedes no son el foco de atención desde afuera. No se habla de que mal juega Huracán y que mal lo hace Newbery. Con técnicos anteriores, sí se habla. Puede ser el periodismo o los hinchas. A lo que voy, ¿realmente se puede trabajar tranquilo en estos clubes, que son los más importantes de la ciudad?

 

  • JG: Yo hace poco que estoy, menos de un mes. Hasta el momento no he sentido ningún tipo de presión. Uno por ahí le gusta la sangre, le gusta estos tipos de desafíos. Después es fútbol, podés ganar o podés perder, pero uno con el trabajo que hace por lo menos está tranquilo de que se entregó al máximo. Desde mi lugar le doy herramientas al jugador para que se pueda desenvolver dentro de la cancha. La pelota puede pegar en el palo y entrar o pegar en palo y salir. Ni sos mejor entrenador si ganás ni sos peor entrenador si perdés.

 

  • CV: Comparto. Son los dos clubes que tienen mayor trascendencia en el fútbol de Comodoro, exigen en que todo el tiempo tenés que estar arriba. Yo le estoy muy agradecido a Huracán, me dieron la posibilidad de arrancar en divisiones inferiores y empezaron a darme más lugar. Me dijeron “hacé lo que pienses”. Yo empecé a trabajar y me gustaba estar con los chicos, formándolos, armar viajes para competir. Si hoy me darías a elegir para irme a otro lugar, yo te digo que no. Hoy es eso, mañana no sé.

 

A diferencia de Javier, vos ya tenés la experiencia de sentir el clásico desde adentro. ¿Cómo lo vivís a este en particular? Porque en el otro, la responsabilidad era compartida. Hoy es tuya.

 

  • CV: En el primer clásico tenía cinco entrenamientos como técnico. Se venía el partido y hacía como dos años que no se ganaba. La mano venía dura, muy dura. Habíamos quedado afuera del Regional y fue todo un desafío. Terminó el partido y empatamos. Ya con algo medio armado, les dije a los muchachos: “arranquemos esta etapa así y después habrá tiempo para laburar, en una semana no vamos a hacer mucho”. Después tuve el segundo, en cancha de Newbery. Ahí me sentí tranquilo, porque el equipo estaba pensado a lo que yo quería, no a lo que puede salir en una semana.

 

  • JG: Vos (César) por ahí tenías una ventaja porque a los chicos de inferiores ya los conocías. Hay una camada muy interesante en séptima y en reserva…

 

  • CV: Sí, sí. Vienen chicos potenciándose y con muchas ganas. Lo que trato de decirle todos los días es que se sientan jugadores de fútbol. El que no se sienta jugador, no va a estar. Si no tenés aspiraciones, ¿para qué venís? Si querés pasarla bien o salir de joda, andá a otro lado. Hay muchos que se lo están tomando en serio y es todo mérito de ellos. Jugar al fútbol, que lo más lindo que hay…

 

  •  JG: De competir, ser competitivo. Básicamente es eso. El jugador tiene que competir, no le puede dar lo mismo jugar, no jugar, ser suplente o ser titular. Mientras más jugadores competitivos tenés dentro de un plantel, estás más cerca de la victoria.

 

Y en tu caso (Javier), en estos días previos, ¿cómo lo vivís?

 

  • JG: Tranquilo. La procesión va por dentro. Me ha ayudado tener dos federales encima y las semifinales. Yo rescato mucho mi paso por Petroquímica, que fue un fierro caliente. En esos seis meses crecí mucho como entrenador. Cuando decía que iba a agarrar “Petro” me respondían que estaba loco. Venían de salir último con cinco puntos. Con Osvaldo (preparador físico) asumimos ese reto y dijimos que íbamos a pelear el campeonato. La única manera de salvarnos del descenso era pelear el torneo. Eso te va curtiendo. Capaz que el sábado o el domingo me agarra la adrenalina, la tensión que tiene que estar, porque eso es lo que te mantiene metido y concentrado.

 

 

¿En qué aspectos específicos creciste como entrenador?

 

  • JG: En la mentalidad, en el manejo del grupo. Uno va creciendo y cada vez se va equivocando menos. Siempre digo que me voy a recibir de entrenador cuando tenga 50 años. Uno todavía se está formando y va aprendiendo. El jugador cuando ve que el entrenador labura y se preocupa, va para adelante. También valoro el haberme ido a otros lugares, donde no me conocía nadie. En Sarmiento, con 28 años, me miraban y decían: “¿este de donde salió?”. Y en San Julián (Santa Cruz) lo mismo, fui y me encontré con un grupo de mineros que siete días estaban laburando en la mina y después volvían por siete días.

 

Una característica similar de los dos es que tienen nombres pesados, varios referentes. ¿Cómo se manejan con el ego del jugador? Llesona, Barrera, Jara en Huracán y Marchant, Aynol, Villegas en Newbery, por citar algunos ejemplos.

 

  • CV: En mi caso no hace mucho dejé de jugar y a estos referentes los conozco desde cuando era jugador. Entonces sé cómo llegarles y de qué manera exigirles. Ellos saben que en el momento de trabajar, vamos a trabajar y de verdad. Después nos podemos cagar de risa y tomar dos o tres mates. Siempre ante todo el respeto y las ganas de trabajar. Al “Negro” -Jara- lo traje porque lo conozco, sé lo que puede dar y de sus condiciones. Confío plenamente en su profesionalidad. Yo jugué con Llesona, Alcaín, Andrade, Barrera y Biasussi…

 

  • JG: Se hace más fácil. Cuando hay jugadores de jerarquía es más simple. El que lo ve de afuera piensa que es un vestuario jodido. Esos jugadores te simplifican un montón de cosas, siempre y cuando seas honesto y vallas de frente. Eso el jugador lo acepta. Mientras más competencia interna haya es mejor, eso es lo único que te mejora como equipo. Si tenés dos monos peleando un puesto, se pone lindo. Después el problema es mío.

 

  • CV: El torneo pasado, antes del partido contra CAI, di la charla y les agradecí a los referentes. Gracias a ellos potenciaron a "Carli" Cárdenas, Tiago Barría, el “Negro” Araya y muchos chicos 2001/2002. No hubiéramos podido salir campeones sin la ayuda de los grandes, quienes les marcaron el camino.

 

  • JG: Eso es fundamental. Por ahí hablo con Lucas Reynoso, que jugó en otro nivel, o con Oscar -Marchant-. Ellos no sólo tienen que dar un plus dentro de la cancha, sino también afuera. Potenciar a los chicos y corregir a los compañeros. A mí me gusta hacerles ver que no sólo son importantes adentro, sino en el día a día. El vestuario es de los jugadores, yo ni me meto. Y, por eso, tienen el deber de encaminar a los más chicos. Tiene que ser un lujo para un chico de inferiores subir a la primera y tener a un Mauro Villegas, Lucas Reynoso, Oscar Marchant, el último goleador del campeonato.

 

¿Qué significa el clásico?

 

  • JG: Es lo primero que hacés cuando llega el fixture, fijarte en qué fecha jugás contra Huracán. Sabemos lo que significa y tenemos que ganar puntos en esa cancha, no se nos puede escapar.

 

  • CV: Lo mismo que dice Javi. Es en qué momento se juega y en qué momento se empieza a olfatear ese partido tan anhelado para la gente como para los jugadores que son hinchas del club. Va a ser un partido lindo, atractivo y con muchos jugadores de jerarquía.

 

 

Y ya que estamos en una parrilla, ¿cuál es su comida favorita?

 

  • Ambos: El asado.

 

¿Hay apuesta?

 

...

 

  • JG: Yo no apuesto -ríe-.

 

  • CV: Nos debemos una comidita.

 

  • JG: Obvio, de eso no hay duda.

 

*Muchas gracias a “La Rastra - Parrilla & Gourmet” (Avenida Rivadavia 348) por el espacio y la excelente atención.

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