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Los pibes del Poli”, amigos por barrio, colores e identidad “Patricia”

Las frases hechas son las que perduran y muchas veces, sin darnos cuenta, el vocabulario del fútbol nos lleva a usar esos modismos y un “lunfardo” casi eterno. En este caso, en tiempos de slogans, sería un “Uno regresa a los lugares donde siempre fue feliz”.

 

 

 

 

Por Franco Córdoba.

 

La historia es una de las tantas que emparentan a algunos niños, hoy hombres que por identidad de un lugar, colores y hasta vivencias de infancia se metieron como la comunicación epidérmica, aquella que nos ingresa en la piel.

 

Acá lo que ingresó, lisa y llanamente, es una historia de colores, un lugar, un nombre: Unión San Martín Azcuénaga y su “bunker” el “Poli” de KM 5.

 

Dos de los estadios más grandes del mundo, en el ideario de un grupito de amigos, que su clásico punto de encuentro era el barrio Las Orquídeas, en calle Los Inmigrantes y Florencio Humpreys, aunque los primeros vestigios no fueran otros que el lugar en común: la cancha de USMA, hoy el estadio Armando Ávila.

 

Pablo Martínez “Paila”, Gonzalo “Goni” Álamo “El Negro”, Claudio “Hijo” Álvarez, Matías “Moneda” Barrera, Hugo “Mono” Palacios y su hermano Daniel “El enano”, Diego Córdoba, “Teta” Pereira más algunos como “Ale” García, Maxi Orellana y hasta Darío “Corcho” Espinoza, eran alguno de los vecinitos niños que no hacían otra cosa que jugar a la pelota, pasar a buscar al “de al lado” o en tiempos donde no había celulares golpear las manos o hasta tirarle una piedrita a la ventana para ver si el amigo estaba disponible para salir.

 

A estos se les sumaba Franco “Huevo” Córdoba, primo de Diego, quien los fines de semana que podía se escapaba -si la escuela lo permitía- y se quedaba a dormir en lo de su primo a pasar tiempo de infancia entre juegos e interminables anécdotas.

 

 

La excusa era perfecta, amigos, deporte, infancia y  USMA, para muchos de ellos que habían coincidido en la Escuela de KM 5 con los inicios del Gimnasio. Sin embargo, el lugar que aglutinaba muchas de estas vivencias y que con el tiempo sería el primer “estadio” de grandes proezas, goles -que hoy serían viralizados-  y travesuras como el Polideportivo del barrio.

 

Un sitio emblemático, con arcos, aro y piso de cemento que con viento, sol, en verano, feriados, de día o de noche tenía a un grupo de amigos que no importaba el día, aparecían entre Segurola y Álvarez Jonte para reírse y jugar a la pelota.

 

USMA y momentos imborrables

 

El Armando Avila antes de su bautismo era  la cancha de USMA, la “casa” de este grupo de amigos,  que hoy en día, en muchos casos no se ven habitualmente pero con un mensaje, llamada, regalos de camisetas y la lealtad de esa hermandad que mantiene un club, los une siendo adultos.

 

“Los pibes del Poli” tenían en Matías Barrera, junto a su hermano Martín, como espectadores de lujo de la cancha ya que ellos vivían a espaldas del rectángulo  y contaban las proezas de grandes equipos vistos por sus propios ojos y hasta por esos testimonios que quedan en la memoria de vecinos y amigos, por leyenda y mitos que acrecientan con el correr de los años. Como el ascenso del año 2000 en la serie ante Deportivo Sarmiento.

 

El recorte del diario con Héctor “Picha” Villafañez se hace relato de esos amigos que la noche anterior picaron papeles y matearon.

 

 

Un domingo cualquiera este grupito salió de Las Orquídeas, pasó por el Kiosco Rodas, compró una gaseosa y se dirigió al “Poli”. El partido no era el mejor pero disfrutaron de unos minutos para recibir el domingo de fútbol que iba a tener el barrio, para seguir a la contra, Ferrocarril del Estado.

 

Uno de ellos, le dijo al resto de los pequeños que “estaría bueno ir a ver el partido”, lo que todos asintieron con su cabeza y salieron hacia un sector de la cancha de USMA y tratar de entrar.

 

Un agujero que había entre un paredón y una puerta de metal, donde hoy es una boletería, fue la excusa para primero entrar y luego dirigirse a la vieja tribuna de caños de la cancha, aquella que hoy fue trasladada a otro sector.

 

“Ferro” tenía en sus filas a Marcelo “Topo” Marques quien no tuvo una buena tarde y los “pibes del barrio”, entre lo que escuchaban por el mal día de otros hinchas y aquello que le gritaban desde un sector de la cancha hicieron como un reclamo suyo: “Anda patear calefones”, fue el grito de uno de los chicos -de quien guardamos la identidad hasta la eternidad- y que hizo que un estruendo de risas acompañen la indicación de disconformismo por la actuación, sumados a algunos aplausos.

 

El martes, en las Apostillas del Diario Crónica un breve repaso por lo mejor y lo peor de la fecha tendría unas líneas dedicadas a “Los Pibes del Poli” que para Marcelo Marques le dedicaron esa frase, con impunidad pero hasta como travesura.

 

El grupo también acompaño el debut de su mejor jugador, Matías Barrera, en Primera y ante Huracán, en lo que fue una alegría, mientras que algunos como Sergio “Teta” Pereira y Franco Córdoba defendieron el arco “Patricio”, Diego Córdoba el lateral derecho en 7ma y 6ta, por nombrar a algunos de los que continuaron muy humildemente con esas ganas de vestir la “azulgrana” del Patricio, de hecho estos últimos dos coincidieron en una cancha para alegría del grupo.

 

El paso del tiempo y el sentido de pertenencia

 

Juntadas interminables, hoy con sus compañeras de vida, hijos y algunos amigos que se suman, siguen en tertulias con karaokes, asados, comidas y sino un mate de por medio para  estos protagonistas que continúan con ese sentimiento por el club y que lo acompañan a todos lados cuando las responsabilidades lo permiten.

 

Algunos fuera de la ciudad y a miles de kilómetros reciben fotos y mensajes especiales, como en el campeonato logrado por USMA en el Torneo del Interior o viejo Federal “C” donde videos de la hinchada llegaban a Buenos Aires, mientras a dos mil  kilómetros se emocionaba al escuchar “USMA campeón” por la radio y revivía en sus retinas aquellas tardes de gloria y felicidad que generaba juntarse en una esquina para ir a alentar al club de sus amores. Cómo también sentía ese aroma a cancha de tierra como cuando sus botines Mitre eran sacudidos en los arcos.

 

Regalos, mensajes, saludos, encuentros, seres queridos que parten y una amistad que en muchos casos se fraguó por USMA, por los colores, pero por el barrio y la identidad, aquella que Unión San Martín Azcuénaga le imprimió a un barrio y que este 23 de junio cumplirá 90 años.

 

Para muchos un club, para otros una segunda casa, para otros un sentimiento genuino y lleno de amor y gratos recuerdos aquellos que “Los Pibes del Poli” atesoran y que celebran las nueve décadas con orgullo.

 

 

 

 

 

 

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