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Matías Hidalgo: rugbier, kickboxer y jiujitsero

Matías Hidalgo probó con el fútbol, pero el rugby fue el primer deporte que lo apasionó. Formó parte del plantel de Chenque que se consagró campeón del Torneo Austral por primera vez en su historia. Por su novia llegó al kickboxing y luego de varios años entrenando y compitiendo también incursionó en el Jiu-Jitsu. En la actualidad practica las tres disciplinas y cada vez se le hace más difícil las elecciones.

 

Por Maxi Ignao

 

"Cumple sus sueños quien resiste", dice el tema de Almafuerte y esa frase puede hablar de su vida en su club.  El primer amor de Matías sin dudas fue el rugby, que  le brindó contención, amistades y una segunda casa. Con Chenque RC tocó el piso y también la gloria. Supo comerse goleadas dolorosas como también ganar en la última jugada el torneo provincial de clubes por primera vez en la historia de la institución de El Trébol.

 

Luego de un paso frustrado por el fútbol, comenzaría su vida a ligarse con la ovalada.  En una charla con Pasta de Campeón y ADNSUR, el deportista comentó que "arranqué  a jugar a  los 11 años. Un día estaban mi tío y mi viejo mirando un partido y me enganché. Les dije que quería jugar a  eso. Mi tío (Gustavo Hidalgo) me dijo que habia  entrenamiento en el Trébol. Mi mamá no quería mucho, pero él me pasó a buscar y me llevó.  Desde ese momento no me quise ir nunca más".

 

A su vez, el ala agregó: "el rugby para mi  significa todo. Me formó como persona, como jugador y deportista. Te da la actitud y valores que de chico no tenes y el rugby te los brinda. Te forma el  carácter en base al deporte".

 

La categoría  de él (1997) es una  camada recordada.  Desde  los 15 años hasta los 18 fueron sólo siete los que entrenaban y jugaban. Eso llevó a una unión de lealtad que dura hasta la actualidad.

 

"A veces jugábamos seven o los otros clubes nos prestaban jugadores para completar. Fueron años complicados, pero ahí resaltó  el amor al deporte. Los siete la bancamos y hoy estamos en primera todos", admitió.

 

Años más tarde, en 2019, viviría una de las más duras frustraciones como también el  mayor logro con su Chenque querido. Junto al club y cuerpo técnico pasaron de arrancar el año sin poder juntar quince jugadores a ganar el certamen local de manera invicta y finalizar la temporada siendo campeones del Austral.

 

Sobre el duro comienzo, recordó: "uno de las mayores motivaciones fue cuando no pudimos ir a Trelew porque no completábamos y no queríamos ir a jugar con chicos. Decidimos no viajar y la Unión nos sancionó  y jugamos el torneo local sin disputar puntos"

 

"Desde ese momento los entrenadores nos juntaron y comenzaron con un proyecto de trabajo  donde se planificó una gran pretemporada y también se hizo hincapié en el plan de juego. Esto hizo que hagamos la diferencia", agregó.

 

Ese objetivo grupal post golpe los hizo sentir que era el comienzo de algo grande. Lo peor había pasado y servido como enseñanza, pero no se conformaban y sabían que había que ir por más. "Fue una motivación tremenda. Veníamos de no completar  a ganar el local. Hubo varios factores que hicieron que todos los jugadores se entrenen a conciencia  individualmente. Eso llevó a que tengamos los resultados que tuvimos en Austral. Cada partido era un objetivo nuevo", enfatizó.

 

El certamen que une a las Uniones Austral y a la del Valle de Chubut fue bastante parejo. "Pato" de Trelew parecía inclinarse como el gran candidato pero se quedó sin disputar el duelo final.

 

"El partido más chivo fue con Patoruzú en El Trébol, que perdimos. Después, me perdí la semifinal con Bigornia por acumulación amarrilla y fui `waterman`. Estábamos en el vestuario enfocados en el partido mientras nevaba. Las jugadas no salían limpias como en partidos anteriores pero se ganó con el corazón y las ganas del objetivo de llegar a la final del torneo", rememoró.

 

El partido decisivo se disputó ante las "Cebras" en Trelew en una tarde de calor y con un ambiente digno de una definición. También el transcurso del duelo tuvo sus condimentos para un final atrapante.

 

"Empezamos perdiendo y fuimos remontando. Encima me sacan amarilla y en una jugada posterior se viene otro try de ellos. Pensé que lo perdíamos. Después nos fuimos acomodando y me acuerdo patente que íbamos cinco abajo,  hace la salida el "Indio" (Leandro Gimenez), salto a buscarla y me toca la piernas el apertura y caigo mal. Le sacan amarilla y de ahí vamos a jugar a las 22 de ellos. Hacemos el line,  la recuperan ellos y por un tackle hacen knock on. De ahí se gesta la jugada que desemboca en el try de la victoria", comentó.

 

 

Aquella tarde en el Valle el acompañamiento de la gente fue masivo. Muchos autos se fueron desde Comodoro para alentarlos, sufrir y disfrutar todos del final de película Sobre el acompañamiento de la gente, afirmó: " fue un factor importantísimo desde el jueves que nos subimos al colectivo. Allá dormimos en Bigornia y cuando llegamos a la cancha no pensamos que habia tanta. Nos emocionamos y por suerte no perdimos el foco en ningún momento".

 

Para llegar a ese momento de madurez rugbistica fue muy importante el haberse ligado al kickboxing años antes. Para él, un complemento.  Mati se acercó a la disciplina por su novia Antonella, que es  hija de Darío Achaval. Cuando arrancó, se enamoró del deporte y no pudo dejarlo más.

 

"Vi cambios físicos muy buenos. Me servía mucho para el rugby que era lo que más me dedicaba. Me dio más habilidad, potencia y velocidad. Es un complemento físico y mental extraordinario", aseveró.

 

Hidalgo tiene 9 peleas amateurs y 1 semiprofesional (todas ganadas). Fue mejorando paulatinamente desde la primera hasta la última donde fue cambiando la técnica, haciéndose un kickboxer más prolijo con un buen manejo de ansiedad y nervios.

 

"Me dio amistades  nuevas y otras formas de ver el deporte. Hay algo que es muy difícil de entrenar que te da el kick, que es lo mental. Controlar tu cuerpo, conocerte y saber hasta dónde llegas y hasta dónde no", aseveró.

 

A su vez, otras de las cosas que valora del kickboxing es "el ambiente y la contención de los  profesores y alumnos avanzados. Te enseñan y eso hace que  te sientas cómodo en el gimnasio y quieras volver".

Su interés también lo llevó a interiorizarse en otra modalidad de las artes marciales, que ganó otro espacio importante en su vida, el Jiu- Jitsu. "Hace tiempo quería arrancar. Al llegar al instituto  donde estudió  veía un lugar y nunca me animé a preguntar. Las cosas de la vida hicieron que llegue Emilio Guerrero al Gym Fight Club y me dije que era  mi oportunidad. Lo probé y me encantó", dijo.

 

 

Todo lo bueno a veces tiene aparejado algo malo y es que ahora se le sumó una actividad más a su rutina de entrenamiento y competencias. "Es otra pasión más que tengo, son tres pasiones  y se hace difícil. Ahora están las tres disciplinas al mismo nivel de importancia. Se me hace difícil decidir qué hacer. Antes era más fácil, elegía rugby. Hoy ya cuesta un poco", admitió.

 

Por último, Hidalgo aprovechó para saludar a los suyos que fueron los que durante toda su vida estuvieron para que pueda cumplir de a poco con lo que se proponía. "Agradezco a mi familia por ayudarme y apoyarme en todas mis locuras. A mi novia Anto. A Leo Dario y Juan del Gym Fight Club por hacerme parte y tener un vínculo que permite que compartamos muchas cosas fuera del entorno del gimnasio, como también dentro del mismo. Y principalmente a todos mis amigos de Chenque, a mis formadores que han influido mucho en la persona que soy hoy en día y  al club por hacerme vivir los mejores momentos.También quiero darle las gracias a Emilio Guerrero y a todo el grupo de Revolution por hacerme parte de su grupo y darme una cálida bienvenida al Jiu Jitsu", finalizó.

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