Tiempo para jugar, jugar para vivir

En tiempos donde se juega la vida, nos vemos obligados a construir nuevos modos de ser y estar con otros. Cuando no hay permiso para “salir a jugar”, facilitar el juego es ampliar posibilidades.   Por Piero Ronconi y Verónica Schaumann / Especial PDC   En tiempos de cuidar la vida, donde aparecen figuras tales […]

Tiempo para jugar,  jugar para vivir

En tiempos donde se juega la vida, nos vemos obligados a construir nuevos modos de ser y estar con otros. Cuando no hay permiso para “salir a jugar”, facilitar el juego es ampliar posibilidades.

 

Por Piero Ronconi y Verónica Schaumann / Especial PDC

 

En tiempos de cuidar la vida, donde aparecen figuras tales como el aislamiento social obligatorio, el distanciamiento de nuestros seres queridos, el encierro para muchos, nos vemos obligados a construir nuevos modos de estar presentes. En este contexto de complejidad creciente las categorías de tiempo y espacio -que históricamente han organizado el sentido del transcurrir diario- han estallado, ya no existen tal como las conocíamos.

 

En un mundo donde el tiempo es medido en términos de productividad, regido por la velocidad del consumo, y la hiperpresencia de la tecnología, nos vemos arrojados intempestivamente a  otras regulaciones temporales. Con el fin de mantenernos vigentes y  no perder la dinámica  relacional que nos incluye en el mundo laboral, afectivo e incluso educativo, hemos  incorporado con gran  creatividad innumerables formas e instrumentos comunicacionales. Videollamadas con los abuelos, teletrabajo en casa, tutoriales varios para resolver cuestiones nuevas y viejas también, actividad física con gran inventiva casera, cocina experimental, etc. Nos hemos puesto a explorar, aprender nuevas cosas o nuevos usos, en definitiva a jugar para poder vivir y atravesar este momento.

 

Ante la imposibilidad del permiso para “salir a jugar”, la alternativa es abrir nuevos mundos de juego. He aquí la importancia del jugar, como representación de la vital capacidad humana de crear nuevos sentidos a partir de elementos conocidos y que tiene como principal escenario de despliegue y desarrollo la infancia. HOY traemos a modo de propuesta   justamente no perder el tiempo y sostener la utopía que porta el jugar en sí mismo, el desplegar la fantasía creadora del jugar.

 

Nos preguntamos sobre el impacto que tiene la escasez de tiempo libre cuando pensamos en las infancias y juventudes. En la actualidad, el "tiempo libre" toma la forma de una especie de vacío, de hueco, de excepción en el diagrama diario de los más chicos, que requiere ser cubierto (muchas veces hasta caprichosamente) con alguna actividad, algún “plan” o “tarea” pautado con anticipación por alguien a cargo circunstancialmente de ese niño o joven,  entre los que se encuentran padres, madres, hermanos mayores o no tanto, cuidadores/as, profes, etc.

 

En esta reflexión elegimos pensar en el tiempo libre no como excepción sino como soporte necesario para que algo allí se cree, se aprenda, se construya… se juegue. Tiempo libre y juego se presentan hoy vinculados y  serán nuestros  conceptos clave para pensar (nos).

 

Tiempo para jugar. Los cambios en la organización laboral y familiar ante la situación que nos atraviesa requieren de nuevos órdenes, de otros tiempos y relaciones. El genuino tiempo libre es aquel que permite placenteramente crear, fantasear, construir en el lazo con otros… corrernos (al menos temporalmente) de la urgencia de la productividad y darle lugar a esa otra forma de relacionarnos.

 

Hoy en nuestras casas, la arquitectura del tiempo ha cambiado, el tiempo libre al que nos vimos arrojados por la pandemia está por momentos tan teñido de ansiedad y angustia que poco permite el despliegue creativo que implica el jugar, especialmente en los niños. Por el contrario, ante la ansiedad de perder " el orden" los adultos, han acrecentado las tareas y los horarios frente a diversos dispositivos que "garantizan" que el tiempo no es perdido. ¿Se intenta recrear el tirano tiempo productivo?

 

Libertad en  juego. La invitación hoy es a jugar, entendido esto como el despliegue de la capacidad de crear otro orden posible, es utilizar la fantasía para construir un modo más grato y satisfactorio de estar con lo que nos toca y con quienes nos toca. El jugar como tal requiere de ese tiempo libre y de la confianza para que la realidad pueda entrelazarse  con la fantasía, un desorden productivamente creativo... no sin normas, sino con nuevas normas.

 

Vale una aclaración, los adultos, incluso como jugadores, solemos confundir el seguir obedientemente las reglas que ordenan el juego con el jugar en sí. Volvemos al juego de palabras de Graciela Scheines, el orden del juego no es igual a obedecer las órdenes (del tirano/a). El juego -como la democracia -necesita normas que sean producto de consensos que nos permitan convivir, jugar con otros, que nos incluya. Los y las participantes saben a qué juegan, qué vale y qué no se vale, nadie puede jugar sin implicarse.

 

Hacer simplemente lo que el otro desea, no admite ninguna elaboración. Que haya reglas para jugar no equivale a pensar que jugar se agota en sólo seguir las reglas. El genuino placer reside en la posibilidad de decidir, de elegir, de crear por eso el jugar es en sí democrático, implica la grata libertad de crear un mundo mejor.

 

En la difícil tarea de promover el juego, otro concepto clave es “facilitar”, encontrar la forma de favorecer, de ser activos en la construcción del espacio del jugar, de habilitar propuestas que  ellos puedan gestar o proponer, no es igual a generárselas. Como dice Víctor Pavía es preciso que exista permiso y confianza para jugar. El permiso para sumergirnos, la confianza de saber que nada malo nos va a pasar. No es tarea fácil. La complejidad combina muchos ingredientes, y la ternura es uno indispensable en esta propuesta.

 

Jugar es exponerse, es arriesgarse, ofrecerse placenteramente a que algo nuevo surja y nos sorprenda, nos haga estremecer, nos embriague tanto que el tiempo se pierda en libertad.  Es  la subjetividad puesta en juego, es jugarse .a lo que cada uno puede jugar, y a lo que su subjetividad le permite jugar.

 

En este contexto, entendemos que no propiciar el juego es cercenar posibilidades. Es convertirnos en  los “Aguafiestas”, es necesario superar el bucle de las consignas cerradas y el repetido  “tarea, tarea y más tarea” que no siempre garantiza los aprendizajes.

 

Es nuestro deseo que podamos los adultos, los  educadores, bancar el aburrimiento, generar y sostener ese tiempo libre que nos permita, descubrir(nos),  jugarnos en el jugar , HOY sin salir de casa.

 

 

Verónica Schaumann es Licenciada en Psicología y profesora del ISFD N°810 y del ISFD N° 802

Piero Julián Ronconi es Magíster y  Profesor de Educación Física y Técnico en Tiempo Libre y Recreación. Actualmente trabaja en el ISFD N° 810 y en ISFD N°802 así como en la Escuela N° 797 Orientación en Educación Física.